Personajes de nuestra historia

Fructuoso Rivera

Caudillo de la independencia, político, militar, fundador del Partido Colorado y primer presidente de la República.

autor: www.lamochila.com.uy

Retrato de Rivera a caballo
Retrato de Rivera a caballo

Rivera nació el 17 de octubre de 1788 y falleció en 1854.

Desde niño estuvo en contacto con los trabajos rurales y tempranamente adhirió a la revolución, acompañando a Viera y Benavides en los días siguientes al Grito de Ascencio (1811).

Acompañó a Artigas en la Batalla de las Piedras y el Éxodo. Tuvo actuación decisiva en la batalla de Guayabos (1814) luego de la cual Montevideo pasó a manos de los orientales. Artigas lo nombró Comandante de Armas de Montevideo , y durante la invasión inglesa fue el último jefe en abandonar la lucha.

Los orientales lo seguían, seducidos por sus virtudes “gauchas” y por su carácter desprendido y dadivoso.

Durante la dominación luso-brasileña (Provincia Cisplatina) sirvió bajo las órdenes de Francisco Lecor y cuando Brasil se independizó (Grito de Ipiranga, 1822), Rivera, que tenía mando de tropas y era conocido y admirado en toda la campaña, se sumó rápidamente al bando rebelde (encuentro del Monzón, que ha dado lugar a extensas polémicas).

Su incorporación tuvo una importancia decisiva pero llegó un momento en que no se entendió con los jefes porteños, ni con el propio Lavalleja. Perseguido, tuvo que huir y vivió dos años en la provincia de Santa Fé, desde donde, en 1828, tomó una audaz determinación: cruzar el río Uruguay y volver a su país.

Perseguido por Oribe, por orden de Lavalleja, siguió hasta el norte, cruzó el río Ibicuy y ocupó el territorio de las antiguas Misiones Jesuitas, lo que apresuró la firma de la Convención Preliminar de Paz (1828), que formalizó la independencia de Uruguay.

Cuando se constituyó el nuevo Estado, Rivera fue su primer presidente constitucional (1830-1834). Durante su presidencia se dedicó a recorrer el territorio nacional descuidando su administración, tuvo que enfrentar dos sublevaciones de Lavalleja y en 1831 dirigió una cruenta campaña contra los grupos de charrúas que sobrevían en el país (Matanza de “Salsipuedes”).

Apoyó a Oribe como su sucesor presidencial, pero en 1836 se rebeló contra él. Derrotado en la Batalla de Carpintería, en la que surgieron las divisas de los partidos blanco y colorado, obtuvo después varias victorias y obligó a Oribe a abandonar la presidencia (octubre de 1838).

El 1º de marzo de 1839 fue elegido presidente por segunda vez e inmediatamente le declaró la guerra a Juan Manuel de Rosas, que apoyaba a Oribe. Entre 1839 y 1851 su actuación estuvo sometida a los avatares de la Guerra Grande, durante la cual, a partir de  1843, Oribe puso sitio a Montevideo y estableció un nuevo gobierno radicado en el Cerrito, que dominaba todo el territorio de la república, salvo la capital.

Durante ese período, y una vez terminado su segundo mandato presidencial, tuvo conflictos con sus correligionarios del gobierno de la Defensa, al punto de que en 1847 se decretó su destierro y fue enviado a Río e Janeiro donde estuvo detenido durante algunos meses. Se lo acusaba de querer entablar negociaciones con Oribe para llegar a una paz entre orientales que evitara la ruina de una nueva nación.

Cuando terminó la Guerra Grande (8 de octubre de 1851) permaneció en Brasil y al fracasar el gobierno de Francisco Giró fue sorpresivamente designado miembro del Triuvirato (junto a Flores y Lavalleja, con quien se había reconciliado). Volvió por tierra a su patria pero, ya muy enfermo, murió el 13 de enero de 1854, en las orillas del arroyo Conventos.

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