Historia del Uruguay

La marcha de la Revolución

Crónica general del Uruguay de Reyes Abadie – Andrés Vázquez Romero.

autor: www.lamochila.com.uy (vmendez@espectador.com.uy)

El 28 de febrero de 1811, Pedro Viera y Venancio Benavídez, al frente de un grupo de paisanos, luego del llamado “grito de Asencio”, contando con el apoyo del Alférez de Blandengues, Ramón Fernández, ocuparon en el mismo día la villa de Mercedes y al siguiente, Santo Domingo de Soriano. Poco después, San Salvador o Dolores, se incorporaba al movimiento y Pedro Viera marchaba en dirección a Paysandú, mientras en Belén otra partida patriota, bajo la dirección del comandante Francisco Redruello y los hacendados Julián Laguna y Manuel Pintos Carneiro, se pronunciaba por la Revolución.
“Cundió la chispa revolucionaria –dice Francisco Bauzá– por entre los distritos más inmediatos, prosiguiendo hasta otros más lejanos”. En el litoral norte, levantaron las huestes campesinas, Blas Basualdo, alias “Blasito”, santiagueño; Baltasar y Juan Antonio Ojeda, paraguayos; Manuel Pintos Carneiro, Hilario Pintos, Pedro Pablo Osuna y otros, vinculados a Artigas por haber recibido tierras en los repartos efectuados por este entre 1807 y 1809.

Entre los ríos Yí y Negro, alzaron el pendón revolucionario Félix y Fructuoso Rivera, hijos del prestigioso hacendado Pablo Hilarión Perafán de la Rivera, seguidos, entre otros, por Pedro Amigo, al que su temible fama pronto hizo intrépido capitán de los “hombres sueltos” o “gauchos” de la región. Por el Arroyo Grande se pronunciaron Bartolomé, Lucas y Miguel Quinteros con los paraguayos Baltasar y Marcos Vargas, medianeros de los grandes hacendados Manuel y Juan José Durán.
En el Pintado, Casupá y Santa Lucía, el principal agente revolucionario fue el cura párroco Santiago Figueredo, secundado por Tomás García de Zúñiga, administrador de las grandes estancias de su padre don Juan Francisco; Manuel Francisco Artigas, a cargo por entonces de la estancia familiar de Casupá;  Andrés Latorre, tío de Lavalleja; José Llupes, pequeño hacendado y acopiador; Faustino Tejera, hijo de un gran estanciero y otros.

En Maldonado y Minas, encabezaron el movimiento Francisco Antonio Bustamante; Pablo y Pedro G. Pérez, hijos del gran estanciero y saladerista Manuel Pérez; Paulino Pimienta, hacendado de Pan de Azúcar; Juan Antonio Lavalleja, hijo del pulpero y pequeño hacendado Manuel Pérez de la Valleja; el gran comerciante Francisco Aguilar y los estancieros Juan Correa, José Machado, José Antonio Berdún y otros.

En el Cerro Largo, se destacó el hacendado Francisco Antonio Delgado y en San José, Juan Francisco Vásquez, alias “Chiquitín”. En Canelones, Joaquín Suárez, pulpero y hacendado en los Cerrillos, hijo del poderoso terrateniente Bernardo Suárez del Rondelo; el cura párroco Valentín Gómez; Pedro Celestino Bauzá, de familia de grandes estancieros y Ramón Márquez, hijo del gran hacendado Claudio Márquez. En los alrededores de Montevideo, promovió el alzamiento Fernando Otorgués, capataz de la “Estancia del Rey”, en Rincón del Cerro.

Estos acontecimientos causaron excelente impresión en el Gobierno porteño, que resolvió designar a Manuel Belgrano para General en Jefe del ejército de la Banda Oriental; y confirió a José Rondeau y a José Artigas los despachos de tenientes coroneles, con los nombramientos de Segundo Jefe del Ejército y Jefe de las milicias orientales, respectivamente.

Entre tanto, Artigas había partido de Buenos Aires, el 9 de marzo, en compañía del vocal de la Junta, Juan Francisco Tarragona, registrándose su marcha, por las postas del camino, hasta Santa Fe. En los últimos días del mes cruzaba el Uruguay, dirigiéndose a Paysandú y de allí a Mercedes, donde el 11 de abril arengó a los orientales.

Entre tanto, Belgrano –que se había enterado de su designación como General en Jefe del Ejército Auxiliar de la Banda Oriental, después de Tacuarí– había dispuesto, desde Concepción del Uruguay, el 10 de abril de 1811 que Artigas asumiera el cargo de Segundo Jefe ínterin no se incorporara Rondeau que se hallaba en la Bajada del Paraná.
Al recibir el nombramiento que le otorgara Belgrano, el 11 de abril, desde Mercedes, Artigas publicó una proclama, que comenzaba diciendo:

“Leales y esforzados compatriotas de la Banda Oriental del Río de la Plata: vuestro heroico entusiasmado patriotismo ocupa el primer lugar en las elevadas atenciones de la Excma. Junta de Buenos Aires, que tan dignamente nos regenta. Esta... os dirige todos los auxilios necesarios para perfeccionar la grande obra que habéis empezado; y que continuando con la heroicidad, que es análoga a vuestros honrados sentimientos, exterminéis a esos genios díscolos opresores de nuestro suelo, y refractarios de los derechos de vuestra respetable sociedad. Dineros, municiones y tres mil patriotas aguerridos son los primeros socorros con que la Excma. Junta os da una prueba nada equívoca del interés que toma en vuestra prosperidad: esto lo tenéis a la vista, desmintiendo las fabulosas expresiones con que os habla el fatuo Elío, en su proclama del 20 de marzo”.

El documento terminaba con invocaciones al patriotismo e incitaciones a la disciplina y obediencia a los jefes, pues era llegada la hora de “morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio”.

Y dando cuenta de sus trabajos, el jefe oriental escribió a la Junta, el 21 de abril:

“Mi primera diligencia en ésa fue dirigir varias confidenciales a los sujetos más caracterizados de la campaña, instruyéndoles del verdadero y sano objeto de esa Excma. Junta y del interés que toman sus sabias disposiciones en mantener ilesos estos preciosos dominios de nuestro infortunado Rey y restablecer a los Pueblos la tranquilidad usurpada por los ambiciosos mandones que los oprimen, desimpresionándolos (en mis contenidas) de las falaces sugestiones de aquéllos. Y han sido tan bien recibidas mis antedichas, que todos están dispuestos a defender nuestra causa; ofreciendo sus personas y bienes en obsequio de ella”.

Y luego de dar cuenta de las fuerzas orientales que se iban plegando a las banderas de la Junta, agregaba:

“Como se aproximó el Excmo. Sr. Dn. Manuel Belgrano, comuniqué a él todas mis operaciones, observando sus órdenes y consultándole todas las providencias que hasta la fecha se han tomado”. Terminaba diciendo que la guarnición de Montevideo estaba cubierta con la milicia, “y yo cuento con la mayor parte de ésta apenas nos presentemos a las inmediaciones de sus muros. Aguardo órdenes del Excmo. Sr. Belgrano para dirigirme a Montevideo con la brevedad posible; y puede V.E. descansar en los esfuerzos de estas Legiones Patriotas que sabrán romper las cadenas de su esclavitud, y asegurar la felicidad de la Patria”.

Llegado Belgrano a Mercedes dispuso las operaciones confiando a Manuel Antonio Artigas la acción al norte; a José, el centro, a fin de estrechar el cerco que gradualmente habría de sitiar a Montevideo y volcó a Benavídez sobre Colonia para que este extendiera la línea hasta unirse a José Artigas a la altura de Montevideo. Los éxitos se sucedieron.

El 20 de abril, Benavídez se apoderó del pueblo de Rosario del Colla y de las villas de Víboras y Espinillo. Casi simultáneamente, fuerzas reunidas por Manuel Antonio Artigas, los Quinteros y los Vargas, desalojaron de Porongos (Trinidad) a la guarnición adicta a Montevideo y el 21 de abril derrotaron a los “regentistas” en Paso del Rey, sobre el río San José, la que, reconquistada brevemente por los montevideanos, cayó definitivamente el día 25 en poder de las milicias orientales, cayendo gravemente herido Manuel Antonio Artigas que falleció un mes después. La Junta de Buenos Aires exaltaría su memoria ordenando que su nombre fuera inscripto en la pirámide erigida en la actual Plaza de Mayo de aquella ciudad y denominó a la villa liberada como “San José de Mayo”.

En el Este, las fuerzas al mando de Manuel Francisco Artigas, el 24 de abril, ocuparon la villa de La Concepción de las Minas; el 28, San Carlos; y el 29 pusieron sitio a San Fernando de Maldonado, que se rindió el 5 de mayo. Manuel Francisco Artigas envió entonces a Pedro Gervasio Pérez para tomar la fortaleza de Santa Teresa; cumplida esta misión, la misma fuerza ocupó la villa de Nuestra Señora de los Remedios de Rocha, el 7 de mayo.

El 22 de abril se realizó en Buenos Aires una Junta de Guerra, presidida por Saavedra, en la que se acordó sustituir a Belgrano por José Rondeau en el mando del ejército de la Banda Oriental, nombrando segundo jefe a Martín Galaín, y jefe de las milicias patrióticas al teniente coronel José Artigas, con sujeción al jefe principal. Como auditor de guerra fue designado el Sr. Vicente López y Planes.

Manuel Belgrano –como se vio– fue despojado del mando para “contestar a los cargos que se le formen y resulten de la expedición al Paraguay”, y de acuerdo con lo pedido en 5 y 6 de abril, lo que fue un grave error, pues es posible que su prestigio hubiera logrado modificar el desarrollo de los hechos, mediante el rumbo que hábilmente había sabido imprimir a su labor paraguaya.

El ejército y las poblaciones de la Banda Oriental no dejaron de acusar el golpe. Los vecinos de Mercedes se dirigieron a la Junta –el 8 de mayo– diciendo:

“¿Qué podíamos temer teniendo al frente a su digno jefe D. Manuel Belgrano? Nada; su nombre era pronunciado con respeto hasta por nuestros mismos contrarios. Montevideo, que en sus papeles públicos tantas veces le habían publicado derrotado y preso por los paraguayos, confesaba tácitamente que no podía soportar sin susto su cercanía; los portugueses lo respetaban, el Paraguay le temía: nuestras tropas tenían puestas en él su confianza y este numeroso vecindario descansaba en sus sabias disposiciones, con tanto mayor gusto cuanto que habíamos empezado a sentir sus favorables resultados...”

Por su parte, los jefes y oficiales de las fuerzas, representando en el mismo sentido, decían en la misma fecha:

“Los oficiales del ejército patriótico que habiéndose reunido para la defensa de este territorio... hacemos presente que es muy precisa la persona del Sr. vocal Manuel Belgrano, a quien consideramos los necesarios conocimientos para terminar la cuestión de los enemigos de la patria y del bien común. Nuestros contrarios le temen y le quieren por su rectitud”.

Los progresos de los revolucionarios, convencieron a Elío de su error inicial respecto de lo que había creído era la acción de “algunas partidas de ladrones” y que ahora amenazaban cercarlo entre los muros de Montevideo, y lo determinaron a cifrar todas sus esperanzas en una acción militar decisiva. Confió, entonces, el mando de las fuerzas regulares de la guarnición de la Plaza, aumentadas con efectivos de la marina y de milicias, al Capitán de Fragata José Posadas, que estableció su cuartel general en San Isidro de Las Piedras para esperar allí a los revolucionarios.

Asimismo intentó atraer a Artigas a la causa “regentista”, imponiendo a don Antonio Pereira el envío de “un propio”, que lo fue Manuel Villagrán, pariente y suegro del caudillo, ofreciéndole a este el perdón y el empleo que a discreción quisiera obtener. Artigas acordó que Villagrán fuera oído en Junta de Guerra, la que resolvió remitirlo a Buenos Aires a disposición de la autoridad y en carta a Pereira rechazó la oferta, estimándola como un “insulto que se hace a mi persona”.

Al parecer, y simultáneamente con esta misión, Elío habría intentado el recurso de tomar preso, vivo o muerto, al jefe oriental, según se desprende de una constancia documental de la época, que refiere la salida de Montevideo de una partida de cien hombres “que eran presos al mando de Mena”, quienes habrían “prometido a Elío matar o prender al jefe Artigas”.

Fragmento tomado de la Crónica general del Uruguay de Reyes Abadie – Andrés Vázquez Romero de Ediciones de la Banda Oriental

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