Personalidades

Dámaso Antonio Larrañaga

Este amigo, asesor y secretario de Artigas, que también fue un científico reconocido a nivel mundial, nació en Montevideo, el 9 de diciembre de 1771, en pleno período colonial.

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Su vida se desarrolló durante la última etapa de la colonia y el primer período de la República.

Del lado de la causa de nuestra independencia, mantenía contacto fluido y era amigo de Artigas, muchas veces obró de intermediario entre él y el gobierno de Buenos Aires.

A partir de 1816 empezó a tener discrepancias con Artigas y luego se sumó a la corriente antiartiguista del cabildo.

Dijo de él Carlos Alberto Garibaldi:

“Amante, desde niño, del estudio, comenzó la carrera de medicina, que luego abandonó por la eclesiástica. La primera le familiarizó con la ciencia y sus problemas, dejando en su espíritu una permanente inquietud por descubrir los secretos de la naturaleza; la segunda, lejos de sumergirlo en la vida puramente contemplativa, le permitió cumplir con su deber de patriota. Trabajó con dignidad y humanismo para mejorar las leyes del país. Se debe recordar que le cupo el honor de presentar un proyecto de ley por el cual se abolía la pena de muerte”.

Fue fundador y director de nuestra primera Biblioteca Pública. Recorrió el territorio nacional estudiando nuestra flora y nuestra fauna. Realizó miles de descripciones y clasificaciones de plantas y animales, incluyendo esos estudios en su Diario de Historia Natural.

Sus investigaciones fueron muy apreciadas por los sabios europeos. Además de numerosos trabajos científicos, realizó otros de carácter histórico.

Escribió Viajes de Montevideo a Paysandú, relatando minuciosamente en esta obra la travesía que inició a fines de mayo de 1815 hacia el cuartel de Artigas. Fue un viaje largo y difícil, entre otras cosas, por la constante amenaza de los tigres en el camino, la falta de alimentos y de lugares para descansar en las noches. Atravesó la Provincia Oriental, se entrevistó con Artigas durante tres días y luego regresó a Montevideo.

Aunque quedó ciego en sus últimos años, no dejó de trabajar. Sus familiares escribían lo que él les dictaba en su quinta de Miguelete. Allí falleció, el 16 de febrero de 1848. 
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